
Intenté saborear el benigno explendor, tan acaecido por las pocas exigencias mundanas de nuestra realidad. Pues en nosotros está la búsqueda no efímera de la felicidad. Aquellos que se satisfacen con los escasos placeres y no obtan por alcanzar el bienestar caen en el más profundo error. Pero, ¿qué es la felicidad y por consiguiente qué entendemos por ser feliz?
Mi motivación y satisfacción es ver deslumbrar una sonrisa que merece ser feliz, el bien ajeno, la propia utopía... sentirme reconfortada y el amor por encima de todo.
Pero, es realmente la felicidad o una distorsión o propia percepcción de lo que entiendo por un estado de armonía y de alegría.
Soy ante todo un ser egoísta. No contribuyo para nada a evitar el sufrimiento ajeno. Aquellos que depositaron confianza en mi y a mi necesitada prosperidad son ilusos y perturbados. Jamás podré hacer realidad dichas hazañas y lograr el sumo explendor como entidad en este embrollado cosmos. Y dicho sea, las vanas esperanzas asentadas se denigran lentamente consumida por el insaciado agujero negro de nuestra material sustancia que palpita y gime al compás de las circustancias.
Calvario sin rumbo, un deseo vehemente por alcanzar la autorealización y la propia aceptación, un futuro incierto y nublado, sueños premonitorios y sobre todo, ilusión.
Creo en ti, cosmos. Eres la necesidad vital. Eres lo infinito y lo finito. Eres el equilibrio...
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