jueves, 23 de diciembre de 2010


Más allá del horizonte, en el lejano cosmos, existe nuestra felicidad por la cual luchamos día a día a pesar de las adversidades...


-¿Estaremos juntos?

- Susurrame al oido esa palabra formada por cuatro letras...

- A-m-o-r...


Le mire profundamente a sus dilatadas pupilas. No pude contenerme aquel estrallido de emociones. La satisfacción de estar ante sus ojos y la melancolía de despedirme de él... y resbaló silenciosamente la pequeña transparente lágrima que emanó de mi ser.. no quería llorar, deseaba sonreir hasta la saciedad. Deslizó su mano y me acareció mis sonrosados pómulos. Suavemente se acercó ante mis labios. Cerré mis ojos y me dejé llevar por mis sentidos. Viajé más allá de la consciencia humana y de lo tangible. Viajé hasta su corazón.


-No me digas nada por favor. Aunque sea inevitable el transcurso del tiempo jamás podrá arrancar en mí los congelados recuerdos que aguardo en mi interior, pues tu eres la única luz capaz de iluminarlos hacia un mañana. Porque a pesar de todo, jamás te olvidaré. Porque yo te juré amor eterno...

-No sigas por favor... ¿es lo que realmente deseas? porque... es decir.. no volveremos a vernos durante mucho tiempo... y no quiero hacerte sufrir pero creo que es una locura... lo siento pero... yo no sé si seré capaz de afrontarlo...


Dejé de abrazarle. Entonces corrí sin mirar hacia atrás y me alejé lo más apresurada que pude de aquella colina. Pero era tal su pasión que me persiguió cuesta abajo por aquellas estrechas escaleras. Alcé la voz diciéndole que me dejara marchar. Pero era inevitable pues era tal su afecto que no estaba dispuesto a perderme entre las sombras de la pernoctada.

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