Penetró un débil rayo de luz por la ventana. Era la llamada de un nuevo día, un amanecer un nuevo explendor en la vida de muchos. Entonces sonreí, y noté la cálida llamada de la felicidad. Hoy no era un día cualquiera. Era uno de mis ansiados y más esperado día del año, que curiosamente no era mi cumpleaños...
Mi santo.
De la que nació con el resplandor de la primera luz, la que guía desde los abismos hacia el fulgor, la que da vista, el halo en el firmamento... Lucía.
¡Oh cual bendita y misericordiosa! desearía ser tan pura como ella.
Entonces fue cuando me apresuré y vi encendido el árbol de navidad, en mi honor. Y mi boca dibujó una amplia sonrisa que hacía tiempo que no la sentía de corazón.
Y entonces la luz me irradió [...]
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