
Aquel ambiente repleto de tabaco me nublaba los ojos, la penumbra dilataba mis pupilas en una ansiosa búsqueda de aquella pequeña luz. Aquel ambiente nocivo causó el desbordamiento de mi ser en una entidad nocturna. Por primera vez estaba empezando a conocer lo que se escondía en una monótona mañanera ciudad. El alcohol protagonista por excelencia de la velada, una melodiosa música de jazz al fondo de conversaciones poco trascendentrales, necesidad de besos, contactos entre cuerpos levemente y bohemios.
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