
Se ensombreció el alba, colosales cúmulos de nubarrones impidieron traspasar la luz. Entonces fue cuando me asomé por el oxidado balcón, contemplando detalladamente aquella escena. Las tempetuosas olas del mar grises y a la vez aterradoras, hacían una gran combinación con la escena. Era la suma perfección aquella composición de escalas de grises. Y ahí me encontraba, absorta en mis pensamientos... ¿acaso lo aparentemente menos agradable no es lo más bello? Estaba convencida de ello. Miré al nublado cielo y sentí el caer de las frías gotas de un lejano diciembre...
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