viernes, 26 de noviembre de 2010


Se ensombreció el alba, colosales cúmulos de nubarrones impidieron traspasar la luz. Entonces fue cuando me asomé por el oxidado balcón, contemplando detalladamente aquella escena. Las tempetuosas olas del mar grises y a la vez aterradoras, hacían una gran combinación con la escena. Era la suma perfección aquella composición de escalas de grises. Y ahí me encontraba, absorta en mis pensamientos... ¿acaso lo aparentemente menos agradable no es lo más bello? Estaba convencida de ello. Miré al nublado cielo y sentí el caer de las frías gotas de un lejano diciembre...


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