¿Recuerdas aquel paseo bajo la luz de las estrellas?
Mirábamos anonadados aquel perfecto firmamento nocturno. Deslizaste tus delicadas manos sobre las mias. Lentamente nos giramos y nos miramos a los ojos. Aquel destello fue mágico, cargado de gran pasión. Lo último que recordé fue cerrar los ojos y sumergirme en tu persona. El viento a proa meció tus cabellos ondulados.
Paseamos por las bohemias calles solitarias, contemplando la belleza del mundo. Solos. El tiempo permaneció inmovil tan solo unos instantes. Deseaba no soltarte jamás.
Pero... me di cuenta de que tan solo era un sueño. Ni tú ni yo somos uno solo.
Jamás hubo ocasos a tu lado, ni besos embriagos de pasión. Ni noches solitarias. Únicamente aparecías en mi mente en un infausto deseo de que se hiciera realidad...
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