Los polos opuestos se atraen. Su atracción es tan fuerte que a veces es imposible mantenerla. Quiebran con facilidad. El magnetismo mal llevado se convierte en autodestrucción. Uno de ellos no soporta la presión. Busca una polaridad equitativa a fin de complacerle. La encuentra y se repelen. Es el va y ven constante de los elementos lo que los unen pese a no una atracción directa. Finalmente, todo se vuelve monótono y pierde sentido. Los polos han nacido para unirse. La cuestión es cómo y con qué...
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