lunes, 13 de junio de 2011



Sigo esperándote. Miro al firmamento y recuerdo el día que nos conocimos. Una sonrisa. Nuestros pies mojados. Las horas pasan e intento contemplar tu silueta emborronada con un trazo impreciso e incierto, como nuestro mañana. Pero no, no apareces. Ni siquiera en mis recuerdos. Un cambio, un rumbo nuevo. Vidas que tropiean y cambian. Caminos distintos. Recorro la misma calle buscandote desesperadamente. Pero no hayo nada más que el recuerdo de lo vivido. Sé que aún estás. Quizás más allá de las estrellas en un universo totalmente distinto.






Agarro con fuerza aquellas cartas, escritas con nuestro puño y letra. Palabras que nunca te dije. Sentimientos contenidos. Por favor destino, dame una nueva oportunidad y te prometo que te hare feliz.






Estaciones que van y vienen. Trenes y raíles infinitos. Quiero verte. Y busco de nuevo tu silueta, en el almacén, en los cafés. Por favor ven aquí a mi lado. Abrázame fuerte y bésame. Despacio, saboreando el momento.






Si estuvieras a mi lado te diría: Te amo.



Sé que nunca estaremos juntos pero jamás dejaré de buscarte. Un nuevo cambio. Un nuevo destino. No estaremos juntos. Estarás bien. Serás feliz, y tu felicidad irá destinada a otra persona. Jamás podré asumir tu partida, tu vida y nuestro final. Siempre me miento, todo va bien. Porque sé que nos volveremos a ver y entonces las cosas cambiarán. Si pudiera cambiar el destino... Recorrería medio mundo buscándote, pues tú eres mi sonrisa, mi razón para vivir.






Un cruce. Un tren a toda velocidad. Observo la calle opuesta. Nada, no hay nada... Y recuerdo las palabras que jamás te dije. Desearía no haber conocido el amor. No haberte conocido. Nuestras vidas transcurriendo por los caminos opuestos e inciertos de la vida. Y no volver a ver tu rostro, ni tus lamentos ni tu caricias. No haberte amada. Todo hubiera sido perfecto. Un banco vacío y el sonido del semáforo sin nada más... El quebrar de las hojas de otoño y en el horizonte, un ocaso adornando nuestro paisaje.

1 comentario: